SIGLO XVIII
 

El color en las mejillas es síntoma de buena salud. Durante años las mujeres campesinas que desarrollaban su vida al aire libre gozaban de un aspecto saludable que se manifestaba sobre todo en unos carrillos  tersos y rojos similares a las manzanas.  Sin embargo las mujeres que hacían la vida en los salones, aprendiendo a bordar y a tocar el piano, presentaban rostros macilentos y descoloridos que les daban un aspecto enfermizo. El colorete fue el remedio a todos los males de las más sofisticadas. En el siglo XVIII en Francia el colorete era un elemento imprescindible de la vida social tanto para hombres como para mujeres  ya que además de proporcionar por sí solo un aspecto saludable, servía para  reavivar el cutis, realzar  los rasgos y esculpir el rostro, aunque se utilizaba de forma exagerada.  


                              

 



Maquillaje del siglo XVIII.
 
 
      Maquillaje del siglo XVIII realizado por Susana del Pozo.